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Jane Birkin y Serge Gainsbourg, la pasión hecha música

Jane Birkin
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Se conocieron en 1968. Ella una joven inglesa recién llegada a Francia, divorciada y aspirante a actriz. Él un compositor de éxito pero también un bon vivant despechado por su ruptura con Brigitte Bardot. Juntos iniciaron una relación romántica y artística que les encumbró a lo más alto de la canción francesa.

Jane Birkin
La cantante y actriz británica Jane Birkin junto a Serge Gainsbourg.

Apenas unos días después de la muerte de la actriz y cantante inglesa Jane Birkin, nuestras lectoras de la colección Grandes Mujeres recibieron los Diarios que la artista e icono de moda escribió entre los años 1957 y 1982. Un relato (editado magistralmente por la editorial Monstruo Bicéfalo) que desvela muchos detalles y anécdotas de la adolescencia y juventud de Birkin, hija de la popular actriz Judy Campbell y de David Birkin, ex combatiente en la II Guerra Mundial.

Desde muy joven Jane (Londres, 1946) vio como su trayectoria profesional se veía eclipsada por su currículum sentimental, y eso que fue tan precoz en el amor como en la interpretación. En 1965 y con apenas 19 años, Jane se casaba con el célebre compositor John Barry  (él tenía 32 y estaba divorciado). Y en el plano artístico, debutaba como actriz en la exitosa película The knack… y cómo conseguirlo, una comedia coral inglesa que triunfó en Cannes.

Pero si hubo un episodio clave en su vida sentimental y profesional fue, por un lado, la relación con el también compositor y cantante francés Serge Gainsbourg y, por otro, la canción que interpretaron a dúo, Je t’aime mais non plus, en 1969. Aunque Gainsbourg había grabado una primera versión con su anterior pareja, la celebérrima Brigitte Bardot, fue con Birkin con quien Je t’e aime… se convirtió en el himno oficioso del amor y de la sensualidad, despertando polémicas y prohibiciones allí donde se emitía.

INGENIOSA Y DESCARADA

Birkin fue artista, madre, amante y musa, no siempre por este orden. Los que conocieron a Jane y a Serge cuentan que eran una presencia única, una pareja unida por la casualidad y la necesidad cuya esencia se revelaba en los detalles.

Su historia de amor no hubiera sido posible sin la intervención de Pierre Grimblat, escritor, productor y director francés que se fijó en aquella adolescente ingenua e ingeniosa, algo descarada, que lucía con el mismo desparpajo un estilismo bohemio con vaqueros acampanados, blusa ajustada y capazo de mimbre que un vestido mini de Yves Saint Laurent o Paco Rabanne (en la imagen).

Jane Birkin

Grimblat quiso adaptar, para el cine, una historia de (des)amor propia: una tal Laurence, con quien había cometido adulterio, lo había dejado sin más explicaciones y esto era algo que le obsesionaba. Decidió llevar su desengaño amoroso a la gran pantalla bajo el nombre de Slogan con el siguiente argumento: Serge Faberger, un director de cine publicitario que está a punto de recibir un premio en Venecia y cuya esposa (la excelente Andréa Parisy) está embarazada, se enamora apasionadamente de la Joven Évelyne, una inglesa desinhibida.

Para el papel femenino, Pierre Grimblat necesita a una «niña salvaje como Laurence». Buscó jóvenes para el papel en París, nada; en Roma, nada; en Madrid, nada; en Munich, más de lo mismo. Grimblat viaja entonces a Londres, donde le pide ayuda a su amigo Just Jaeckin, el futuro director de Emmanuelle. El casting vuelve a ser infructuoso y cuando paran a almorzar en King’s Road, «vi a una chica despeinada que estaba comiendo con su amiga. Impresionante. A través del camarero le mando un mensaje para invitarla al casting. Me respondió que estaba ocupada a esa hora y ahí es cuando supe que era ella». Su nombre era Jane.

BIRKIN, MANUAL DE ESTILO

Cuando desembarca en Francia en 1968 para rodar Slogan, Birkin lo hace recién divorciada, acompañada de su hija Kate (apenas un bebé) y con un estilo propio: figura esbelta, flequillo, sonrisa con un encantador diastema (espacio entre los dientes frontales), blusas de seda con volantes y sin sujetador.

Aristocrática y elegante sin pretenderlo (¿hay otra forma de serlo?), Birkin destilaba una sensibilidad explosiva que marcó tendencia: el estilo ahora es británico o no es. El romance, sin embargo, sigue siendo terreno natural de los franceses. Les encantan los affaires como el de Johnny Hallyday y Sylvie Vartan, las parejas estables, las adúlteras, el amor a primera vista y las separaciones.

Cuando conoce a Serge Gainsbourg, Birkin está bastante perdida. Acaba de salir de su desastroso matrimonio con John Barry después de descubrir que este le había sido infiel con una de sus amigas, más joven aún que ella (Barry, Barry…). Por su parte, Gainsbourg está de muy mal humor. Su ego ha recibido un duro golpe. En Slogan iba a actuar junto a la exquisita modelo estadounidense Marisa Berenson pero Grimblat ha decidido darle el papel a una joven desconocida. Alguien que, según él, no está a la altura de su figura de trovador y seductor poliamoroso.

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Claro que este no era el único motivo de su humor sombrío: Gainsbourg estaba furioso porque Brigitte Bardot lo había dejado. Tras 86 días de pasión, abandonó al amante y se quedó con su marido, el multimillonario alemán Gunter Sachs. Inconsolable, Gainsbourg pasa días enteros rumiando su ruptura y regodeándose en el dolor contemplando las fotos a tamaño real que Sam Lévin le hizo a Bardot.

LA MUSA DE GAINSBOURG

En tal estado de ánimo Serge, de 40 años, conoció a la «niña inglesa» de 21, totalmente ajena a la popularidad y talento del creador de canciones como La Javaneise. De lo que ocurrió después se han escrito ríos de tinta en la literatura y el papel cuché: mantuvieron una relación apasionada y, cuanto menos, tormentosa; tuvieron una hija, Charlotte (en la imagen inferior); se compraron una casa en Normandía, donde vivían lejos de los focos y recibían la visita de vecinos como el actor Yul Brynner; grabaron varios álbumes juntos; y mantuvieron su amistad hasta la muerte de Serge en 1991.

Jane Birkin

Gainsbourg reconoció que sin ella nunca hubiera alcanzado un papel tan prominente en la canción francesa. De hecho, siguió componiendo canciones para Jane durante toda su vida. Por su parte, Birkin nunca renegó de su papel de musa. Vivió en Francia el resto de su vida, donde se convirtió en una de las artistas más queridas (a imagen y semejanza de la española María Casares) y su compromiso con Gainsbourg y su música resultaron igualmente duraderos.

La joven inglesa que contribuyó (sin pretenderlo) a definir la sexualidad femenina en Europa en el último tercio del siglo XX, fue ante todo una artista prolífica, talentosa y humilde: grabó casi una veintena de álbumes (el último en 2021, Oh! Pardon tu dormais…, su primer álbum de canciones propias interpretadas en inglés), actuó en 70 largometrajes (bajo las órdenes de grandes realizadores como Godard, Rivette, Agnès Varday o Tavernier) y participó en una decena de películas para televisión. El pasado 16 de julio Jane Birkin fallecía con 76 años y nosotras solo podemos decirle: Nous t’aimerons… toujours.

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